Cada vez que viajo a un sitio nuevo me intereso por la historia local del lugar. Y especialmente por esa historia negra que ha permanecido oculta durante mucho tiempo y que poco a poco empieza a ver la luz, recuperando la memoria de aquellos que dieron su vida en aras de la libertad. Como me ocurrió con la “Casa del terror” en Budapest.

En mi viaje a a la capital húngara me topé con otra de esas historias que muchas veces tan solo conocen los locales y que pocas veces trasciende más allá de sus fronteras.

Hungría durante la Primera Guerra Mundial había elegido el lado perdedor. Tras el tratado de Trianon el Imperio Austro-Húngaro fue desmantelado en piezas más pequeñas, y Hungría vio reducido su territorio en dos tercios. Como consecuencia las fronteras fueron rediseñadas, y más de tres millones de húngaros se encontraron viviendo en un estado extranjero. Oprimidos por gobiernos que los consideraban, en su mayor parte, enemigos dentro de sus fronteras.

Museo Casa del terror Budapest
Créditos: Museo “Casa del terror” de Budapest

El camino a más de 40 años de ocupación y terror en Budapest

Tras 1915, el país, se enfrentó a una situación económica desesperada. Políticamente aislada, militarmente desarmada y rodeada de países hostiles, Hungría se convirtió en el estado más pequeño y débil de Europa central. A mediados de la década de 1930, Hungría se encontró entre el fuego cruzado de un cada vez más agresivo régimen nazi y la poderosa Unión Soviética.

Después del estallido de la Segunda Guerra Mundial, Hungría hizo intentos desesperados por mantener su frágil independencia democrática, y maniobró para prevenir lo peor: la ocupación nazi.

Significativamente, Hungría logró resistir la ocupación alemana hasta el 19 de marzo de 1944.

Pero por desgracia el territorio húngaro no pudo escapar a la temida “Solución final“. Con la cooperación de las autoridades títeres húngaras nombradas por los ocupantes nazis, en un período récord de dos meses, 437.402 judíos húngaros fueron enviados a los campos de exterminio del Tercer Reich. El 27 de agosto de 1944, las tropas soviéticas cruzaron la frontera húngara. El país fue escenario del choque mortal entre los nazis y la Unión Soviética. La breve, pero extremadamente brutal, ocupación nazi durante la Segunda Guerra Mundial dio paso a dos generaciones de ocupación soviética.

Sabías que… La soberanía de Hungría llegó a su fin el 19 de marzo de 1944. Durante más de cuatro décadas, las tropas de ocupación nazi y soviética permanecieron en su territorio. El último soldado soviético abandonó Hungría el 19 de junio de 1991 dejando tras de sí una historia de terror que merece la pena ser recordada para mantener viva la memoria de las víctimas.

Budapest Museo del terror
Créditos: Museo “Casa del terror” de Budapest

El fin de la Segunda Guerra Mundial no puso fin a la persecución colectiva.

La tragedia de los judíos fue seguida por la tragedia de la población local alemana.

Entre 1946 y 1948, más de 200.000 húngaros de origen alemán fueron deportados. Durante la campaña de casi dos años, estos ciudadanos húngaros de origen alemán, humillados y rechazados, fueron completamente privados de todas sus pertenencias y deportados en condiciones inhumanas a la Alemania ocupada.

Posteriormente, más de diez mil habitantes del campo, los denominados “kulaks“, fueron transportados a los llamados campos “cerrados” -en realidad campos de concentración- donde los guardias ni siquiera se preocupaban por la vida de los prisioneros.

Los “campamentos sociales” en Hungría

En 1951, miles de los ciudadanos de la clase media, media-alta y alta de las principales ciudades fueron trasladados a la fuerza a barrios designados en zonas rurales. En el verano de 1951, los reasentamientos masivos comenzaron en Budapest y en las ciudades más grandes alrededor del país tales como Győr, Szombathely y Székesfehervár. Del 21 de mayo al 18 de julio más de 15.000 personas fueron expulsadas de la capital.

Los comunistas inventariaron los artículos que dejaron atrás. Los objetos más valiosos y muebles fueron apropiados para los miembros del partido que viven en apartamentos más grandes. El resto se convirtió en propiedad del Estado.

El destino de los reasentados fueron campos agrícolas forzados, los llamados “campamentos sociales“, rodeados de alambre de púas y custodiados por soldados y perros. Los prisioneros fueron colocados en corrales de ovejas y cuarteles, y se vieron obligados a trabajar en condiciones horribles.

Los días de trabajo eran de doce horas de duración y los trabajadores tenían que caminar normalmente de ocho a diez kilómetros de ida y vuelta a su lugar de trabajo desde el campamento.

Debido a la falta de alimentos, las condiciones crueles, el trabajo extenuante – así como la falta de médicos y medicina – muchos murieron o sufrieron enfermedades crónicas.

Los reasentados simplemente fueron elegidos en base a su origen social o a sus posesiones. Los que regresaron de los campos de concentración nazis también fuero n excluidos de la “nueva sociedad húngara”. En muchos casos, el “no confiable” fue llevado en medio de la noche, obligado a dejar todas las pertenencias tras de sí.

Hasta 700 000 húngaros, civiles y presos políticos, llegaron a vivir en cuarteles o encarcelados a lo largo y ancho de la Unión Soviética. Fueron trasladados por la fuerza a una nueva ubicación en varias zonas del país o encerrados en campos de trabajo. Aquellos reasentados por la fuerza perdieron todos sus derechos, fueron privados de sus beneficios de jubilación y no pudieron salir de su nueva ubicación sin permiso. Fueron controlados día y noche. Muchos se suicidaron antes de enfrentarse a la deportación.

Casa del Terror Budapest
Créditos: “Casa del terror” de Budapest

La “Casa del terror” de Budapest

Inaugurado el 24 de febrero de 2002 a las 17 horas en Budapest, el Museo de la “Casa del terror”, único en su género, es un monumento a la memoria de los cautivos, torturados y asesinados en ese edificio.

El Museo, al presentar los horrores de una manera tangible, también tiene la intención de hacer que la gente entienda que el sacrificio por la libertad no fue en vano.

En última instancia, la lucha de la población húngara contra los dos sistemas más crueles del siglo XX terminó con la victoria de las fuerzas de la libertad y la independencia.

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Imágenes | Dave Meler

Fuentes | Dave Meler, Terror Hazá