Caminreal Crédito: Carlos Lasierra

Caminreal
Crédito: Carlos Lasierra

Conocidas son por la mayoría de los estudiosos del arte aragonés, las extraordinarias yeserías, que configuran una amplia pervivencia de formas, que se aplican en la decoración de bóvedas, cúpulas e intradós de arcos. Menos divulgados son los motivos que se aplican en muros y torres al exterior, que en un intento de “copia” de la decoración de los siglos anteriores, se realizaron en las iglesias de los siglos del barroco aragonés. Además de la influencia volumétrica de las torres mixtas mudéjares en los años siguientes.

Atea Crédito: Carlos Lasierra

Atea
Crédito: Carlos Lasierra

La decoración se aplicará sobre todo en las torres, arrancando desde la unión con el basamento en piedra, o del primer cuerpo liso (en algunos casos), y recorriendo a base de fajas y paños en el resto de la torre. En otras ocasiones, minoritariamente, se aplican en fachadas (Hijar), o se decora el edificio con fajas alrededor y bajo la línea del alero del tejado (Collados). Y por último otro espacio que recibe decoración de ladrillo en relieve suelen ser los cimborrios, algunos de ellos de desarrolladas proporciones como en Caminreal.

Un elemento decorativo va a ser el principal y más utilizado, los dientes de sierra o esquinillas, que se aplicarán tanto en fajas o filas, como en paños regulares, o bien recubriendo cuerpos enteros, o en partes importantes de las torres, pueden ser dentro o no de espacios regulares, y completando y rellenando espacios como las albanegas de los arcos, en un intento de evitar los espacios libres (“horror vacui”), una tradición de inspiración muy propia del mudéjar. A parte de este motivo fundamental y básico, además de recurrente, la aplicación de otros temas es muy variada, que van desde cruces y rombos hasta los más novedosos que el artista producía para decorar y desmaterializar torres y muros de las iglesia, ya dentro de una estética clásica y barroca.

Fonfría Crédito: Carlos Lasierra

Fonfría
Crédito: Carlos Lasierra

Las torres del siglo XVI mudéjares seguían los ejemplos de los siglos anteriores, con machones centrales, o sin ellos, ya en la segunda mitad del siglo fundamentalmente, mientras que en las de los siglo XVII-XVIII se simplifica desapareciendo normalmente el machón central. En cuanto a la estructura exterior  podemos decir que continúa el tipo, que tan buena aceptación tuvo, de la llamada como torre mixta, en líneas generales, con un primer cuerpo de planta cuadrada y otro superior, superpuesto, de planta octogonal. La variación surgirá en este segundo donde la influencia de la nueva estética barroca, y de la torre de La Seo de Zaragoza, curva y alabea las esquinas, los frontones, y las cornisas, para conservar como recuerdo de la estética mudéjar la decoración aplicada y en muchos casos los torreoncillos en las esquinas, que permiten que se suavice el paso de una planta otra.

La desintegración de los motivos decorativos, que ya se anunciaba en las últimas décadas del siglo XVI, unido a la simplificación y aparición de otros nuevos, llevará a los dos siglos siguientes a la aplicación decorativa, por un lado más parca en el número de variantes estilísticas, y por el otro a la aparición en escena de los nuevos influjos decorativos, ya fuera de la tradición estética de raíz musulmana, que llegó hasta los últimos momentos del mudéjar.

Plenas Crédito: Carlos Lasierra

Plenas
Crédito: Carlos Lasierra

Por tanto aún se conservan motivos que entroncan con la decoración, que se aplicó desde el siglo XIII al XVI, pero también nuevas “fantasías” que se unen ya al muestrario del gusto estético barroco de la época.

Pero lo que no podemos es decir taxativamente que son edificios mudéjares, pues por muchas causas no lo son, pero no se puede descartar cierto espíritu, o cierto regusto subyacente de la tradición mudéjar en monumento plenamente barrocos. En Aragón el uso del ladrillo como material básico de construcción lleva unido a él, la decoración en relieve con motivos más o menos tradicionales de los espacios libres de torres y distintos paramentos. El mudéjar como arte musulmán asume y se identifica con los estilos artísticos que le rodean, y su influencia, como estamos viendo, puede llegar latente hasta los siglos XII y XVIII, y posteriormente resurgir en los movimientos arquitectónicos historicistas.

Las localidades que poseen templos con motivos decorativos en ladrillo en relieve se extienden en una ancha faja que en un primer golpe de vista sobre el mapa, se sitúan entre las provincias de Zaragoza y Teruel, fundamentalmente. En la primera  al sur del Ebro y concentrados en las comarcas de Calatayud, Jiloca, Alto Huerva, y Belchite. En la provincia de Teruel se extiende en paralelo por las Cuencas Mineras, Bajo Aragón y Alcañíz.

Ruesca Crédito: Carlos Lasierra

Ruesca
Crédito: Carlos Lasierra

Son poblaciones, que en su mayor parte, limitan con localidades en las que las iglesias fueron mudéjares plenamente, (la gran mayoría del siglo XVI), o bien núcleos y comarcas en las que hubo un gran números de musulmanes expulsados en 1610, que quedaron bastante maltrechas demográficamente, siendo estos dos siglos siguientes cuando recobraron en gran parte el anterior número de habitantes, y por lo tanto se vieron en la necesidad de nuevos templos. Y en otros casos, los menos, son ampliaciones que se realizan sobre iglesias mudéjares preexistentes.

Torres mudéjares que están a caballo entre el siglo XVI y el XVII son las de Báguena, San Martín del Río, Peralejos y Navarrete del Río. Estructuralmente pertenecen al mudéjar, pero ya avanzan el paso a la nueva estética del barroco.

Blibliografía| http://www.bubok.es/libros/5783/PERVIVENCIAS-DE-LA-ARQUITECTURA-MUDEJAR-EN-ARAGON

http://www.bubok.es/libros/6136/APORTACIONES-A-LA-ARQUITECTURA-MUDEJAR-RELIGIOSA-DEL-SIGLO-XVI

En colaboración con iHistoriArte| Carlos Lasierra

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