EPSON DSC pictureCarecemos de un dato exacto y fideligno del autor de la obra. Tanto Abad Ríos como J.L. Morales Marín lo atribuyen a Pablo Rabiella, pero estudiando las fechas de la realización del mismo es imposible que dicho pintor lo pudiera realizar. Ahora bien sí que puede ser mano de su hijo Pablo Rabiella Diez de Aux, de quien distintos autores le atribuyen influencias de la pintura de Claudio Coello, Sebastián Muñoz o incluso del andaluz Valdés Leal en la aplicación del claro oscuro.

Queda por delante el poder documentar esta atribución, pero no es descabellada la misma, si comparamos sobre todo las cabezas de San Agustín con la del cuadro que guarda el Museo Provincial de Zaragoza, de San Pedro en la composición que se acompaña con San Pablo.

La pintura característica de Rabiella Diez de Aux según distintos autores adolece algo en su dibujo, pero tiene una buena técnica, con una breve pincelada suelta, rica y variada en su colorido, y con un buen dominio de la luz y el color.  Veremos pues, estas características, si se aprecian en los cuadros que componen el retablo de Botorrita.

El retablo se sitúa en el presbiterio, ocupando el paño central y la mitad, aproximadamente, de los laterales, adaptándose al ábside poligonal. Se divide o está compuesto por un sotobanco, sobre un breve zócalo, doble banco, tres calles, siendo más ancha la central, que se enmarca por columnas salomónicas, mientras que al exterior las calles laterales lo hacen por medio de estípites, doble entablamento y ático. Se corona con una gran estructura avenerada que guarda en su interior el escudo de los Pomar.

EPSON DSC pictureEstá formado por 6 lienzos de cáñamo, pintados al óleo. El central representa  el triunfo de San Agustín.  Recordemos que Fray José Pérez de Pomar y Foncillas era agustino. El cuadro se articula o compone en aspa o cruz de San Andrés. La figura central del Santo sirve de nudo. Una línea arranca de un ángel que le sujeta el báculo, sigue por la mano izquierda de San Agustín, su cabeza con su mitra y termina en Cristo crucificado, bajo el que unos ángeles tañen sus instrumentos. La otra línea se traza con otro ángel de mayor tamaño, que los que revolotean en la parte inferior, la mano derecha del santo con el forro de  la capa pluvial en rojo, la cabeza y el grupo que forma la Virgen rodeada por el coro angélico, que también le acompaña  con instrumentos musicales, donde uno de los componentes se vuelve hacia el espectador, y Dios Padre en la esquina superior, que aparece entre nubes. Se completa la Trinidad, y así también el espacio central superior con la aparición entre nubes de un resplandor dorado de la paloma del Espíritu Santo. Resultando una composición equilibrada a la vez que movida, muy dentro de la estética barroca. San Agustín llevado por ángeles a la gloria celestial, ante la presencia de la Virgen y la Trinidad, en un rompimiento de gloria lleno de luminosidad, colorido,  movimiento, y alegría. La cabeza de santo es tratada con meticulosidad en las pinceladas, como lo son sus manos. Logrando con un suave “sfumato” la profundidad de la inmensidad del cielo en el centro, con figuras que se pierden con unas líneas poco marcadas.

En la calle lateral correspondiente al lado del evangelio están los lienzos de San Antonio y de San José. El primero en la parte baja vuelve a recurrir como lo harán el resto de los cuadros a la composición en aspa. De izquierda a derecha un ángel con vestiduras rojas en el ángulo inferior, nos lleva hasta el santo, arrodillado ante un lujoso reclinatorio sobre el que está la tierna figura de Jesús niño, lleno de dulzura y encanto, y sobre él un ángel alado que sujeta un entoldado con otros dos querubines alados en el lado opuesto, que marcan la otra diagonal con la mano alzada del santo y el propio reclinatorio. La luz se concentra en la cara de San Antonio ante el rompimiento celestial de rayos dorados que rodean la imagen de Jesús. Quizás la figura principal resulta algo estática y falta de movimiento, pero se compensa la composición con el niño y el ángel arrodillado en primer plano. San Antonio debía de ser un santo con mucha devoción en la familia y en la localidad, pues tiene otro retablo posterior en el que también aparece.

EPSON DSC pictureEl lienzo de San José nos presenta al Santo con el Niño en brazos en el centro. Su pie y pierna derecha marcan la diagonal con su manto, el niño, algo rígido y duro en esta ocasión, y un grupito de cabezas aladas de ángeles entre nubes. La otra diagonal se comienza con sendos angelotes enfrentados con flores en sus manos, donde las azucenas, símbolo de la pureza,  del que está en segundo plano marcan la línea que continúa el niño la cabeza semi-vuelta de San José y oras dos cabezas de ángeles entre nubes. Es más oscura la escena, que la anterior,  llegando la luz desde el fondo donde a lo lejos la luz del sol lucha entre las tinieblas. Este Santo tiene también relación con el fraile agustino, hijo de doña Victoria, fray José Pérez de Pomar y Foncillas.

En la calle lateral correspondiente al lado de la epístola está en su parte inferior el lienzo con la representación de San Dionisio Areopagita, obispo. Volvemos al mismo sistema compositivo. Una alta mesa con las obras escritas del santo en primer término, su brazo izquierdo sujeta el báculo, y sigue la línea hasta alcanzar la cabeza y tiara de San Dionisio, y dos cabezas de querubines entre nubes. La otra línea compositiva la marca la escena trasera del martirio del santo, su brazo derecho que sujeta un libro, su embarbada cara y otro grupo de querubines.  Tres puntos de luz atraen la mirada del espectador la capa pluvial carmesí del santo, la escena en segundo plano del martirio, y la luz crepuscular que ilumina su rostro, en el rompimiento celestial. Dionisio era el nombre del primer hijo de doña Victoria, y heredero del señorío.

Encima de este lienzo se encuentra el dedicado a San Victorián. El óleo resulta el más oscuro de los cuatro. El santo con su sotana negra en el centro donde sólo sus manos y su céreo rostro, extasiado y con la mirada perdida,  destacan. Porta en su mano izquierda un báculo. Se completa la escena con una mesa de altar con su tiara y un misal sobre un atril. La luz misteriosa abre el cielo sobre la orla de santidad de San Alfonso María entre las cabezas aladas de ángeles. Al fondo la escena de un tormentoso y nublado atardecer.

EPSON DSC pictureEl ático que remata la obra del retablo está el lienzo dedicado a la Virgen . En este caso es la Venida de la Virgen del Pilar a Zaragoza. La escena con la misma composición que las anteriores centra su atención en el centro donde María sobre las nubes del cielo baja, para indicar con su dedo al apóstol Santiago donde ha de edificar su iglesia. Dos grupos de seguidores, Santiago y tres más a la derecha del espectador ,  tres más a la izquierda cubren la parte baja. Allí destacamos la cabeza de un convertido barbado a la derecha del apóstol , de indudable similitud con el San Pedro del cuadro que esta en el Museo Provincial de Zaragoza. Y en el grupo opuesto el discípulo que se vuelve en claro rompimiento y teatralización de la escena. Sobre la madre de Dios a su izquierda los ángeles portan la columna y al otro lado otros dos seres celestiales alados traen en sus brazos la imagen de la Virgen del Pilar que hoy conocemos y se encuentra en su camarín del templo de Zaragoza. Estos dos grupos como el resto superior de ángeles que completan el fondo se han tratado con un “sfumato” monocromo en sepia, con leves pinceladas en blanco para iluminar su anatomía. Nos recuerdan , salvando las distancias, al grupo de obispos de la cúpula de Regina Martirum de Goya en el Pilar.

Como hemos visto en el análisis de los cuadros de este retablo que podemos atribuir, sin documentación que nos lo avale a ciencia cierta, a Pablo Rabiella y Díez de Aux, nos encontramos ante un destacado pintor, que domina el claroscuro y la luz, con pincelada suelta y fácil, con sensibilidad en los niños y los rostros y cuerpos de los  ángeles, pero sólo con una rigidez en su dibujo menor, que salva con su valiente y teatral composición, plena del barroco y el gusto de la época.

Imágenes| Carlos Lasierra

En colaboración con iHistoriArte| Carlos Lasierra

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