El arte barroco nace en Italia, concretamente en Roma, hacia el año 1600, aunque posteriormente se difundirá por los países vecinos creando distintas variedades.

Sabías que… El barroco nace de los manieristas del Renacimiento, de la obra de Miguel Ángel, cuyo estilo es recuperado por los Papas, los grandes iniciadores de este estilo.

La característica más notable de este arte quizás sea la búsqueda del movimiento, algo que se convierte en su esencia. Arquitectónicamente se caracteriza por fachadas salientes llenas de curvas y contracurvas, columnas que se retuercen y decoraciones naturalistas. En pintura y escultura destacan los temas dramáticos, las variaciones de perspectiva, los juegos de luces y sombras y los efectos de trampantojo.

San Carlo alle Quattro Fontane

Pero las formas arquitectónicas y su sucesión de curvas, formas geométricas y contracurvas no se cortan de una manera abrupta o drástica, sino que se aprecia una continuidad, una sucesión de líneas que cambian de forma y se retuercen. Las formas parecen acogernos, abrazarnos, acotar un espacio de una forma concreta, intentar dirigir nuestros movimientos hacia un punto concreto, creando así un urbanismo con espacios que se relacionan entre sí y nos cautivan.

Se trata de un arte caracterizado por la ostentación, por el gusto por la decoración y lo excesivo.

Pero además, es sobre todo un arte religioso, pues es inseparable de la Contrarreforma de la Iglesia Católica y del Concilio de Trento. Se trata ahora de luchar contra lo protestante y afirmar y difundir los nuevos dogmas de la Iglesia.

Por otra parte, es el reflejo de una sociedad en crisis devastada por las hambres, la miseria y los conflictos bélicos.

Además, en el arte barroco, arquitectura, pintura y escultura se funden, son inseparables. Se trata de conmover, de estimular la devoción, de sentirnos envueltos por sus formas.

La escultura barroca se caracteriza por la búsqueda de un realismo naturalista de las formas y, lo que es fundamental, por la búsqueda de vida y sentimiento en las obras. Consiguen dar vida a través de la expresión del movimiento, un movimiento abierto que relaciona las obras con el entorno que les rodea, con la arquitectura y con la luz: la obra se hace para un lugar concreto y fuera de él pierde su razón de ser. Destacan ahora los retablos, los temas mitológicos y, sobre todo, los pasos procesionales.

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Piedad, Gregorio Fernández

Los pasos procesionales del barroco español son muy abundantes. Se trataba del medio ideal para hacer llegar al pueblo los contenidos de la contrarreforma. Pero no todos los pasos tienen las mismas características, sino que suele dividirse este arte en distintas escuelas. La escuela castellana, a la que pertenece Gregorio Fernández, tiene su centro en Valladolid y se caracteriza por un tremendo realismo, una expresión muy explícita del dolor y un gran dinamismo. En la escuela andaluza, a la que pertenecen artistas como Pedro de Mena, Alonso Cano o Juan Martínez Montañés, sin embargo, se huye de todo ese sentimiento y se realizan obras mucho más serenas y amables.

ALGUNAS OBRAS BARROCAS

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Baldaquino de Bernini

Quizás el baldaquino sobre la tumba de San Pedro realizado por Bernini sea uno de los mejores ejemplos de síntesis entre escultura y arquitectura. Estructuralmente es igual que los baldaquinos de las procesiones, pero en una escala gigante. Destacan, además, las columnas salomónicas, que expresan movimiento a través de sus líneas curvas. Pero, aunque está abundantemente decorado, deja libre la  visión de la arquitectura, con la que contrasta tanto por sus formas como por los colores: el baldaquino es de bronce oscuro y dorado, mientras que la piedra de la arquitectura es clara. La parte superior finge una tela que en realidad es bronce y un remate totalmente arquitectónico que, sin embargo, corona y a la vez es una escultura.

Apolo y Dafne. Bernini

Otra obra importante de Bernini es su “Apolo y Dafne”, una escultura de mármol de casi dos metros de alto que representa el momento de la Metamorfosis de Ovidio en el que la ninfa Dafne es convertida en laurel mientras es perseguida por Apolo. Toda ella es movimiento y expresión: la composición diagonal, la posición de los cuerpos, la incidencia de la luz sobre ella y los claroscuros que crea…

Hacia 1634, Borromini proyecta uno de los edificios más importantes del barroco italiano: la iglesia de San Carlo alle Quattro Fontane. Su fachada es una continuidad de curvas y contracurvas y está llena de entrantes y salientes, mientras que su planta es un óvalo. Líneas y formas geométricas que vuelven a comunicar movimiento.

Pero quizás el espacio más barroco que encontramos en Roma sea la Plaza Navona: un espacio urbanístico mandado remodelar por el papa Inocencio X. En ella destaca tanto la Fuente de los Cuatro Ríos de Bernini como la iglesia de Sant’Agnese in Agone de Borromini, que repiten las características típicamente barrocas: sentimiento, movimiento, expresividad y escenografía.

Bibliografía | BOROBIO, L.: Historia sencilla del arte, Rialp, 2002 | VVAA.: El barroco, H. F. Ullman