Leopoldo II Genocidio en el congo belga
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El historiador Jean Stengers describió lo sucedido en algunas regiones del Congo Belga, controladas por las compañías comerciales encargadas de la explotación de los recursos naturales, como “verdaderos infiernos en la tierra”.

El Genocidio congoleño hace referencia a las atrocidades producidas contra la población nativa del Estado Libre del Congo (actual República Democrática del Congo). Colonia personal del rey Leopoldo II de Bélgica entre 1885 y 1908.

Los contemporáneos europeos se refirieron a estos hechos, asociados con las prácticas de recolección del caucho natural, como los “horrores del Congo”. Se calcula que como consecuencia de estas políticas coloniales se produjo un descenso de población de entre 10 y 15 millones de habitantes en la región.

El Congo Belga, colonia personal del rey Leopoldo II

Durante la Conferencia de Berlín (1884-1885) Leopoldo II vio saciadas sus ansias de expansión colonial con la asignación de la Cuenca del Congo. Aunque en un primer momento la organización de “caridad privada”, dirigida por el monarca, encargada de la explotación de la colonia belga estuvo siempre cerca de la bancarrota. El ansiado proyecto colonial de Leopoldo resultaba poco rentable. Pero todo esto cambió en 1890 con el auge del mercado del caucho natural, abundante en el territorio.

Para facilitar la extracción y exportación del caucho, la administración belga tomó la decisión de nacionalizar toda la tierra “deshabitada” del Congo. Ofreciendo concesiones a empresas privadas y reservando ciertos terrenos para el estado. 

Entre 1891 y 1906, el estado belga permitió a las compañías gestionar los territorios sin apenas interferencia judicial. El resultado fue la explotación de los nativos de forma generalizada, los trabajos forzados y la coacción violenta como métodos para recolectar el caucho a bajo precio y maximizar los beneficios. También se promovió la creación de un ejército paramilitar nativo, la Force Publique, para hacer cumplir las abusivas políticas laborales. 

La forma en que se establecieron los acuerdos laborales con los trabajadores (en especial la duración del servicio que debían prestar) no estaba regulada por la ley. Y se dejó a la discreción de los funcionarios que se encontraban sobre el terreno. Con un marco jurídico inexistente y una política personal de explotación de la colonia, los abusos no se hicieron esperar. Los administradores blancos fueron libres de complacer su propio sadismo. Aquellos trabajadores nativos que se negaban a participar en la recolección de caucho eran asesinados. Pueblos enteros fueron arrasados.

Empresas como ABIR y Anversoise se destacaron especialmente por la dureza con que los funcionarios trataban a los trabajadores congoleños. El control y la gestión de la producción de caucho fueron responsabilidad de Force Publique, el ejército colonial. Compuesto por oficiales blancos y suboficiales y soldados negros. Quienes fueron reclutados entre “voluntarios” de grupos étnicos y sociales específicos en lugares tan lejanos como Zanzíbar, Nigeria o Liberia. Las tropas eran traídas a sus destinos militares encadenadas y en condiciones infrahumanas. Se calcula que hasta tres cuartas partes de todos los soldados reclutados murieron antes de poder prestar servicio debido a las condiciones a las que estuvieron sometidos. En torno a 1900, este ejército de esclavos contaba con 19,000 hombres.

bandera del congo belga
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El incumplimiento de las cuotas de recolección se castigaba con la muerte.

A los soldados se les exigía la justificación de cada bala gastada con la mano cortada de la víctima. Ya que se creía que si no utilizarían las costosas municiones, importadas de Europa, para cazar. Se dice que las cuotas de caucho fueron pagadas, en parte, en manos cortadas. En ocasiones las manos eran recolectadas por los soldados de la Force Publique, pero a veces eran las mismas poblaciones indígenas quienes se encargaban de atacar a aldeas vecinas para recolectar dichos trofeos. Ya que sus cuotas de caucho eran imposibles de cubrir al ser excesivamente altas. Cada mano derecha era prueba de un congoleño muerto. Pero en la práctica, muchos soldados mutilaban a sus víctimas y los abandonaban a su suerte para ahorrarse la bala. 

Posteriormente, se sabe que algunos supervivientes dieron testimonio de como habrían logrado sobrevivir a una masacre. Llegando a hacerse los muertos y permaneciendo inmóviles mientras les cortaban la extremidad. 

Un soldado podía reducir su período de servicio al presentar más manos cortadas que sus compañeros. Esto provocó la generalización de mutilaciones y los desmembramientos. 

Otra práctica utilizada para obligar a los trabajadores a cumplir con las cuotas de recolección de caucho era el secuestro de mujeres y familiares. Quiénes se mantenían como rehenes hasta que se satisfacía la demanda.

Sin un censo oficial de la población es difícil hacer una estimación real de los cambios en los niveles poblacionales durante este periodo. Si bien es cierto que todos los expertos consultados hablan de una masiva reducción de los niveles de población.

A estos hechos se sumaron las pandemias y enfermedades, devastando a la población indígena. Especialmente la enfermedad del sueño, la viruela, la gripe porcina o la disentería amebiana. Solo en 1901 se estima que 500 000 congoleños perdieron la vida por la enfermedad del sueño. El hambre, las enfermedades y la violencia se combinaron para reducir la tasa de natalidad, mientras que las muertes seguían en aumento.

Genocidio en el congo belga
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El genocidio congoleño, escándalo internacional

Niños mutilados
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La amputación de las manos entre los trabajadores a modo de castigo alcanzó particular notoriedad internacional, cuando misioneros cristianos denunciaron dichas atrocidades el Reino Unido, Bélgica, los Estados Unidos y en otros lugares.

La campaña internacional contra el Estado Libre del Congo, liderada por el activista británico Edmund Dene Morel, dio como resultado su anexión por parte del gobierno belga para formar el Congo belga. Y conllevó una reducción drástica en los reportes de mujeres secuestradas, masacres, abusos contra los trabajadores y aldeas incendiadas. 

Sin embargo, hay que admitir que, esto no se debió a un interés humanitario por parte del gobierno belga sino más bien a la convergencia de dos factores económicos de vital importancia. El primero fue la sustitución en los mercados internacionales de caucho silvestre por el cultivado. El segundo fue la introducción de los impuestos como método para obtener ganancias con el trabajo forzoso de la población en la colonia.

El uso de mano de obra esclava continuó bajo la administración belga, pero enfocada a las minas de cobre, oro y estaño. Hasta la Segunda Guerra Mundial cada hombre en el Congo debía prestar 120 días al año de trabajos forzosos para el estado.

Lo increíble es que hoy en día, todavía, existe un debate abierto sobre si la disminución masiva de población y las atrocidades cometidas constituyeron un genocidio en el Congo belga desde el punto de vista legal.

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Imágenes | W. Commons

Fuentes y autor | Dave Meler