Francesc Morrel Crédito: Carlos Lasierra

Francesc Morrel
Crédito: Carlos Lasierra

“Francesc Morell i Cornet (1846-1916), pintor figurativo, es el antecesor y precursor más importante e inmediato de la pintura manresana contemporánea que toma cuerpo, como ya es sabido, a finales del siglo XIX.”

Pere Puig y Vila

Analizaremos dos cuadros de la colección aragonesa pintados por Francesc Morell i Cornet en 1889. Ambos óleos forman pareja y en ellos se representa al Sagrado Corazón de Jesús en uno, y, en el otro, la Virgen como Corazón de María.

El Sagrado Corazón de Jesús Crédito: Carlos Lasierra

El Sagrado Corazón de Jesús
Crédito: Carlos Lasierra

El espectador ante la obra del Sagrado Corazón de Francesc Morell, va a apreciar la composición triangular de la figura. En la base, el cuerpo (en sus tres cuartas partes representado) con los brazos. El izquierdo lanza una línea ascendente hacía el centro de la composición, donde estalla con su fulgor de rayos, la esencia del cuadro, el corazón de Jesús, herido, con llamas, luminoso y acogedor. Si la parte inferior del cuadro está ocupada por el cuerpo de Jesucristo con túnica roja y manto azul, a los lados de su cabeza se ven ocupados los espacios por el tetramorfos.

Francesc Morell vuelve a resolver la composición del cuadro ‘Corazón de María’ como hiciera para el Sagrado Corazón. Un triángulo, ahora de amplia base formado por las manos, que ocupan las esquinas inferiores junto al cuerpo, y en la cima la cabeza, ligeramente ladeada hacia la derecha del espectador, con su orla.

Dos puntos de luz nos atraen: el corazón abierto en el pecho con sus rayos, y el rostro de la Virgen. Para completar el lienzo, como hiciera en el otro cuadro, escogerá la representación de cuatro alabanzas a la Virgen de la letanía del rosario.

Pere Puig i Vila escribió la biografía del autor para la revista Dovella, en 1983, del Centro de Estudios del Bages. De ella entresacamos los datos de mayor interés, traducidos al castellano:

 “Profesor de dibujo y pintura del prestigioso Colegio de San Ignacio y de la Escuela Industrial y Agrícola y, después, es autor de una extensa y variada obra artística (dibujos, cuadros y sobretodo, tapices pintados al óleo) de temática religiosa preferentemente. Cultiva también,  con constancia, el retrato.

La profunda formación religiosa no tan sólo definirá más adelante el carácter, ideológicamente, conservador de nuestro pintor, sino que influirá de una manera definitiva en su actividad pictórica: va a optar casi únicamente por la temática religiosa o va a trabajar exclusivamente para el clero o para personas de una moralidad comprobada.

La situación económica familiar, determina que entre de aprendiz en un taller de pintura decorativa. Morell pronto se ganará la confianza de su patrón, el cual le encargaba las tareas más delicadas, como eran las partes decorativas de los techos de los salones.

Corazón de María Crédito: Carlos Lasierra

Corazón de María
Crédito: Carlos Lasierra

  Durante 1860, recomendados por los padres jesuitas, él y su hermano Lluís se trasladan a Barcelona, a trabajar en un taller similar al de Manresa, pero con mucha más proyección y clientela. Francesc, va a perfeccionarse en las habilidades decorativas, y va a iniciarse en la práctica del retrato por encargo. No se adapta jamás a aquella Barcelona bulliciosa”, volverá a Manresa y ”abrirá un taller en el edificio que hacía esquina entre el Joc de la Pilota y la calle de la Dama, hoy residencia del Sagrado Corazón. De ahora en adelante, encontramos a Frances Morell como un pintor independiente que vive de su oficio. Mientras tanto, ya se había fijado una estética y un estilo a seguir: realista de corte académico. Consciente de los gustos que imperaban en la época (pintura de tipo histórica de aire romántico-realista, cuadros de tema religioso, o bien el retrato serio y detallista, pintura que, en definitiva, va con la burguesía acomodada y bienpensante que exigía, como en todo y en adelante que la cosa estuviera bien hecha). Morell se convierte en el pintor solicitado por esta burguesía adinerada que refleja en sus retratos de factura impecable.   En sus cuadros, podemos admirar el gusto por la anatomía, la captación psicológica, la elegancia de los tejidos o el volumen de los cuerpos, un preciosismo colorista y resplandeciente en los retratos, un detallismo preciso casi fotográfico.

Con motivo de la restauración general de la Basílica de la Seo, iniciada el año 1878, le fue encomendado el limpiar y restaurar el retablo del Santo Espíritu, de Pere Serra, y el del Santo Entierro, de Lluís Borrassà.

El año 1880 realiza los nuevos modelos de las nuevas vidrieras”.

Bibliografía| Puig i Vila, Pere: Dovella. 1983. Centro de Estudios del Bages.

Lasierra, Carlos: http://www.bubok.es/libros/171652/FRANCESC-MORELL-I-CORNET–DOS-OLEOS-EN-ARAGON

En colaboración con iHistoriArte| Carlos Lasierra

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