La diáspora de Cabo Verde se define por sus ausencias. En las islas del archipiélago viven alrededor de 500.000 personas, pero se estima que 1,5 millones están repartidos en más de 40 países:
Tres de cada cuatro personas de origen caboverdiano residen fuera de las islas.
Esta realidad demográfica es una estrategia de supervivencia transmitida de generación en generación como resultado de siglos de sequías cíclicas, hambrunas devastadoras y una economía insular que no pudo sostener a su población.
Las raíces de un éxodo permanente
Las islas de Cabo Verde, de origen volcánico y situadas frente a la costa de Senegal, fueron azotadas por sequías recurrentes y grandes hambrunas. La crisis de subsistencia de 1890-1903, el hambre de 1921-1922 y las sucesivas crisis del siglo XX diezmaron a la población y empujaron a miles de personas a cruzar el Atlántico en busca de un futuro posible.
A ello se sumó el abandono colonial portugués. Durante siglos, la metrópoli explotó las islas como enclave estratégico en la ruta de la trata de esclavos, sin invertir en infraestructuras ni en desarrollo agrícola. Cuando las sequías llegaban, la respuesta de Lisboa era la indiferencia.

Destinos de una nación dispersa
La diáspora de Cabo Verde se ha expandido por cuatro continentes, pero sus destinos principales son:
- Portugal (cerca del 36% del total) – Concentra el mayor número de inmigrantes caboverdianos debido a la proximidad geográfica, la lengua compartida y los lazos coloniales.
- Estados Unidos (en torno al 20%) – Las raíces de la comunidad caboverdiana se remontan a la industria ballenera del siglo XIX.
- Francia y Países Bajos completan los principales destinos europeos con un 14% y 6,5%, respectivamente.
“Morabeza” en el equipaje
¿Qué llevan consigo los emigrantes cuando dejan Cabo Verde? Ropa, fotografías, quizás unas semillas de maíz, pero sobre todo llevan morabeza. Esta palabra criolla, intraducible a otras lenguas, designa un estilo de hospitalidad profundamente caboverdiano:
La calidez en el trato, la generosidad sin cálculo y la capacidad de hacer sentir en casa a quien llega de fuera.
La morabeza es un mecanismo de supervivencia cultural y se convierte en el hilo que mantiene unidos a los que están dispersos por el mundo.


Una identidad transnacional
Cabo Verde es, quizás, el mejor ejemplo de nación transnacional del Atlántico africano. Las remesas de los emigrantes alcanzaron un récord de 278 millones de euros en 2024, una cifra que supera con creces la ayuda internacional y que sostiene buena parte de la economía insular. Pero, más allá de lo económico, el impacto de la diáspora de Cabo Verde es político, cultural y emocional.
Por ejemplo, la experiencia migratoria está tan profundamente arraigada en la cultura caboverdiana que se ha convertido en su tema literario por excelencia. Autores como Baltasar Lopes, Jorge Barbosa u Orlanda Amarílis escribieron sobre el exilio, la emigración y el desarraigo como elementos constitutivos de la identidad nacional.
Esta realidad es también el corazón de “Cuando Dios abandonó África”, la novela de la escritora C.H. Gomes, que narra el viaje de generaciones de mujeres desde las islas hasta Europa, explorando esa tensión entre el desarraigo y la búsqueda de identidad que define a la nación caboverdiana. La historia de Helena, la protagonista contemporánea, es la de tantos hijos de la diáspora, que al ser criada lejos de la tierra de sus ancestros, creció sintiéndose extranjera en todas partes.
La resiliencia de una nación sin fronteras
Hoy, Cabo Verde es un país de renta media, una democracia estable y un ejemplo de resiliencia en África, pero su mayor riqueza está fuera de sus fronteras: una identidad que viaja de generación en generación, esperando el momento de germinar de nuevo.
Fuentes: Scientific Electronic Library (Scielo), Whaling Museum, Governo de Cabo Verde
Imágenes: C.H. Gomes


