El meteorito de los dioses

La caída de meteoritos ha sido interpretada como la llegada de ‘mensajes divinos’ por parte de diversas culturas antiguas ya desde tiempos prehistóricos. Meteoritos pétreos fueron empleados por las culturas clásicas para esculpir obras de arte, joyas o armas aprovechando el hierro meteorítico.


Investigadores del Instituto de Ciencias Planetarias de la Universidad de Stuttgart, han descubierto que una antigua estatua budista, encontrada por una expedición nazi en 1938 en el Tibet, fue esculpida en ataxita, una clase muy rara de meteorito de hierro con altas cantidades de níquel.


Ernst Schäfer
Crédito: Wikipedia Commons

El conocido como ‘Iron Man’ u ‘Hombre de Hierro’ pesa aproximadamente 10,6 kg y representa una particularidad en el arte religioso y la ciencia. Descubierto en 1913, la procedencia del meteorito así como de la obra de arte apunta a la región fronteriza del este de Siberia y Mongolia. La escultura representa al dios budista Vaisravana también conocido como Namtösé en el Tibet o Bishamonten en Japón. Este dios es una importante figura dentro de la mitología budista. Podría ser originario de la cultura Bön del siglo XI. Sin embargo, los detalles históricos y etnológicos del «hombre de hierro«, en la actualidad, siguen siendo especulativos.

En 1938, una expedición al Tibet formada por científicos alemanes, y liderada por el renombrado zoólogo Ernst Schäfer descubrió esta estatua budista. Aunque todavía se desconoce cómo se produjo el hallazgo, se cree que la cruz esvástica tallada en el centro de la figura fue lo que propició el traslado de la estatua a Alemania. El nazismo comparte este símbolo con muchas culturas clásicas, adoptado como símbolo de la raza aria en 1920. La esvástica nazi aparecía rotada 45 grados en la bandera del Reich.

Una vez en Munich, “Iron Man” pasó a formar parte de una colección privada, y solo estuvo disponible para su estudio a partir de una subasta de arte en 2009. El primer equipo en analizar el origen de la estatua ha sido el dirigido por Elmar Buchner. La estatua, que fue sometida a análisis geoquímicos por el científico y sus colaboradores, tiene aproximadamente unos 1.000 años de antigüedad. Los resultados de este descubrimiento han aparecido detallados en la revista especializada Meteoritics and Planetary Science.

Según declaraciones de Buchner aparecidas en Alphagalileo: “La estatua fue cincelada en un meteorito de hierro, procedente de un fragmento del meteorito Chinga, que impactó contra las regiones fronterizas de Mongolia y Siberia, hace unos 15.000 años”.

La daga de Tutankamón
Crédito: arqueólogos

Los meteoritos inspiraron el culto de muchas culturas antiguas, desde la de los esquimales Inuits de Groenlandia hasta la de los aborígenes australianos.

Dos años después de la apertura de la tumba de Tutankamón, el 12 de febrero de 1924, se comenzó a desvendar al rey. A medida que se fueron retirando las vendas aparecieron unos 150 objetos de joyería. Quizás el más curioso de cuantos objetos fuera una daga de hermosa empuñadura de oro con incrustaciones en cornalina y cristal de roca, con una vaina de oro. Se cree que fue un regalo de algún monarca extranjero y que podría tratarse de hierro meteórico.

Incluso, hoy día, en uno de los más famosos centros religiosos del mundo: la Meca, se rinde culto a una Piedra Negra situada en la esquina oriental de la Kaaba. Que probablemente es un meteorito.

“Esta estatua es la única figura humana tallada en un meteorito conocida, lo que significa que no tenemos nada con que compararla a la hora de calcular su valor”, concluye Buchner.


Fuentes: tendencias21.net, theguardian.com

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3 comentarios

  1. Al hombre siempre le ha fascinado del mismo modo que lo ha temido, todo aquello que llegue de los cielos….
    Una historia curiosa.

  2. No tiene una relación directa, pero me ha venido a la cabeza uno de los elementos principales del famoso videojuego Final Fantasy VII y su increíble historia: la invocación de un meteorito ancestral que acaba con el planeta.

    Sí, me chiflan estas cosas!

    saludos!

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