Los orígenes de Itálica, la primera ciudad romana en Hispania

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Mosaico de los pájaros en Itálica

Cuando Publio Cornelio Escipión nació en Roma hacia el 236 a.C. nadie en su familia imaginaba el enorme patrimonio que dejaría para la posteridad a escasos 7 kilómetros de la actual Sevilla. En Itálica, hoy llamada Santiponce.

Corría el año 206 a.C., la II Guerra Púnica llegó a un momento crucial y el ejército liderado por este general, apodado “el Africano”, montó su campamento en el Cerro de San Antonio, cercano a una ciudad íbera que servirá de auxilio a los heridos en la contienda.

En la batalla de Ilipa, ocurrida en algún lugar hoy aún indeterminado cercano a Alcalá del Río, las tropas cartaginesas fueron derrotadas y algunos de los militares que participaron se convirtieron en veteranos tras la victoria. Ellos fundaron la primera colonia romana en Hispania: Itálica.

La primera ciudad de Itálica

De este primer asentamiento sabemos poco, y solo el historiador Apiano lo menciona. Aunque gracias a él conocemos que el nombre fue un homenaje al origen de sus primeros pobladores, provenientes de la península itálica.

Para tener nuevas noticias de la colonia hay que esperar a las guerras civiles, entre Sertorio y Pompeyo primero, y entre Pompeyo y Julio César después. Sin embargo, de estos momentos iniciales solo han llegado algunos fragmentos de cerámica hasta nuestros días.

Más tarde, con el emperador Augusto mejorará el estatus de Itálica que pasa a ser municipio, lo que le permite acuñar moneda. Además, se recrece la muralla y se construye el edificio más importante de este momento: el teatro.

Teatro romano de Itálica
Créditos: W. Commons

Pompeyo hizo construir un templo de Venus en su teatro de Roma. Este pequeño detalle hacía imposible que se desmontara el teatro tras la temporada escénica como mandaban las antiguas leyes romanas, puesto que se incurriría en sacrilegio al destruir un templo.

Se convirtió en el primer teatro permanente de la república romana, realizado en piedra y que servirá de modelo para los posteriores.

A comienzos del siglo I d.C. comienzan las obras del teatro de Itálica en una falda del cerro donde se reúnen las condiciones acústicas necesarias para las representaciones, favorecidas por la brisa fluvial y con un acceso sencillo desde la ciudad y desde la vía que comunicaba Itálica e Hispalis.

El esplendor de Itálica

En esta ciudad nació en el año 53 d.C. uno de los emperadores más conocidos: Trajano.

Su sucesor, Adriano, también tuvo orígenes italicenses, aunque se discute si llegó a nacer en ella. Sea como fuere, se encargó de elevar su importancia otorgándole el título de Colonia Aelia Augusta Itálica.

En el siglo II d.C. es cuando se crea un nuevo barrio al norte de la ciudad que aumentó a más del doble la extensión del municipio. 

La “Nova Urbs” fue un barrio lujoso, con calles reticuladas empedradas con losas de granito de Tarifa, cloacas, aceras porticadas y grandes domus con tabernae (tiendas) de las que se conservan varios mosaicos completos como el de los pájaros o el de la casa del planetario.

También se construyeron todos los edificios necesarios para una ciudad de la importancia que tuvo Itálica: un nuevo foro, las termas mayores, gimnasios, acueducto, muralla; pero además se levantaron construcciones únicas como el Traianeum, un templo dedicado al emperador Trajano.  

Sin embargo, el mayor edificio que se conserva de este momento es el anfiteatro. Mantiene la fosa bestiaria en la arena y el graderío, salvo el superior que se ha perdido casi en su totalidad.

Anfiteatro de Itálica
Créditos: W. Commons

Arqueología y recuperación de la colonia.

La ciudad fue abandonada hacia el siglo VIII, pero no dejó de tener importancia en las crónicas medievales musulmanas y cristianas.

No es hasta el siglo XVI cuando se recupera el interés por las ruinas gracias a las ideas renacentistas, que intentan justificar la importancia que tenía Sevilla en ese momento. 

Los historiadores la llamaron “Sevilla, la Vieja” y buscaron los orígenes mitológicos que enlazaran el imperio romano con el imperio de Carlos I. Surge así la historia de que Itálica fue fundada por Hércules.

En el siglo XVIII comenzó el deterioro de los restos, sobre todo del anfiteatro, cuyos materiales fueron usados para levantar un dique en el Guadalquivir y para construir el Camino Real de Badajoz.

Aunque ese siglo también supone el comienzo de los estudios eruditos sobre la ciudad por iniciativa de Carlos III y José Bonaparte, que promulgaron varios decretos-leyes, aunque tras la Guerra de Independencia cayeron en el olvido.

Desde la segunda mitad del siglo XIX hasta la actualidad no se ha dejado de trabajar de forma científica en las excavaciones.

Se han encontrado multitud de edificios, esculturas y mosaicos que hoy puedes ver principalmente en el Palacio de la Condesa de Lebrija y en el Museo Arqueológico de Sevilla, además de en el recinto arqueológico, que aspira a ser Patrimonio de la Humanidad.

Autor | Luis García

Bibliografía | Caballos, A., Marín Fatuarte, J., Rodríguez Hidalgo, J.M., Itálica arqueológica. Rodríguez Hidalgo, J.M., Vivo Itálica. Historia de las Excavaciones.

Imágenes | W. Commons


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