La Guerra de la Independencia (parte 3 de 3)

Share on facebook
Share on google
Share on twitter
Share on linkedin

Batalla de los Arapiles. Fuente: Wikipedia.

El fin de la guerra de la independencia.

La toma de Suchet en el último trimestre de 1811 de Valencia fue la última ofensiva francesa culminada con éxito. A partir de 1812, la guerra tomó un nuevo rumbo. La preparación de la guerra con Rusia obligo a Napoleón a retirar una considerable cantidad de recursos humanos y materiales de España. De 350.000 combatientes franceses existentes en la península en el verano de 1811 se pasó a 250.000 unidades en la primavera de 1812 y a 150.000 al año siguiente. Como contrapartida, las tropas anglo-portuguesas lideradas por Wellington tomaron la iniciativa desde Portugal y a ellos se sumó un contingente del ejército español más numeroso y bien organizado. A principio de 1812 las tropas comandadas por Wellington sumaban 70.000 soldados bien pertrechados y adiestrados.

En enero de 1812 se inició la gran ofensiva hispano- británica para expulsar de España a las tropas francesas. El punto de decisiones se emplazó en Ciudad Rodrigo y Badajoz. Desde allí se planearon las primeras batallas que rápidamente se contaron por victorias, llegando a Salamanca a finales de Junio de 1812. El momento culminante de la ofensiva se vivió en la batalla de Arepiles (22/07/1812) en la que se enfrentaron unos 40.000 hombres por cada bando. Esta batalla esta considerada por la historiografía como una de las más decisivas en el proceso de guerra. La victoria de la coalición hispano-inglesa permitió a los aliados avanzar rápidamente y entrar en Madrid el 12 de agosto de ese mismo año. Unas semanas más tarde, el 19 de septiembre, se inició el cerco a Burgos. Mientras tanto, el ejército francés inició su repliegue hacía Madrid. Las tropas que sitiaban a Cádiz y las concentradas a Valencia se dirigieron a la capital del reino logrando entrar en ella en noviembre de 1812.

La estrategia de Wellington para acabar con el ejército francés pasaba por cortar las comunicaciones entre Madrid y Bayona, por lo tanto, era necesario atacar un punto intermedio: Burgos. Su estrategia fracasó en un principio y hubo que esperar hasta 1813 para que se lograse romper ese eje de comunicaciones. Con la caída de Burgos se sucedieron las derrotas del ejército de Napoleón que se retiró con rapidez hacia territorio galo. Antes se libró la importante batalla de Vitoria (21/06/1813). Después de esta derrota,  las fuerzas aliadas lograron empujar a los franceses hasta Tolosa (04/1814).

En la zona de litoral mediterráneo, después de la evacuación de Valencia (05/07/1813) y el posterior repliegue del mariscal Suchet se inicia la retirada francesa de Cataluña que se completo a principios de junio de 1814 para entonces Napoleón ya había informado los acuerdos de Valençay (11/12/1813) por que el emperador francés se rendía. El 6 de Abril de 1814 los mariscales Soult y Suchet firman el fin de las hostilidades con Wellington. Por último el 4 de Junio de 1814, Figueras fue abandonada por las tropas ocupantes. De esta forma, concluyó la Guerra de la Independencia.

El proyecto de José I.

José Bonaparte
José Bonaparte. Fuente: François Gérard , via Wikimedia Common

La figura de José I, también conocido como Pepe Botella por su supuesta afición al vino, ha sido revisada en las últimas décadas y lejos queda ya la imagen que transmitió en su día la propaganda patriótica y las posteriores visiones  nacionalistas que caricaturizaban y ridiculizaban a este personaje. Los estudios más recientes realizados en torno a esta figura han puesto de manifiesto el trato injusto que la historiografía le ha dado a José I, ya que era un gobernante reformista, con una mentalidad ilustrada y que ya había dejado ver sus dotes de gobernante en su breve estancia en el trono de Nápoles, donde se manifestó como un buen monarca, preocupado por sus súbditos y que puso en marcha importantes reformas.

Después de la abdicación de los monarcas españoles, en julio de 1808 José Bonaparte llegó a España para hacerse cargo del gobierno de la nación. Desde que piso suelo español, el hermano de Napoleón pudo comprobar cómo su imagen iba ligada a la de un “intruso” no querido en lugar de un monarca que traía bajo el brazo la ruptura con el Antiguo Régimen y numerosas reformas liberales. La falta de apoyos le llevó a aprobar en octubre de 1808 un decreto mediante el cual obligaba a todos los empleados públicos a jurar fidelidad al rey y a las leyes. Muchos cargos públicos, desde escribanos de pueblo hasta altos cargos de la administración juraron esa fidelidad, aunque es difícil comprobar hasta qué punto esta actuación respondía, simplemente, al deseo de estas personas de mantenerse en el cargo que ocupaban. No obstante, la falta de apoyos tan sólo fue uno de los muchos problemas y obstáculos que tuvo que hacer José I al ocupar el trono español. De hecho, a los 8 días de llegar a Madrid tuvo que abandonar la capital del reino ante la derrota francesa en Bailén. Como medida de prevención, y puesto que estaba más cerca de Francia, el monarca francés instaló su corte en Vitoria. La llegada de Napoleón para hacerse cargo personalmente de las operaciones militares a desarrollar en la península para aplastar a la resistencia no ayudaron, en medida alguna, a propulsar su imagen ni su carisma. La sombra de su hermano fue, sin duda, una losa muy pesada de la que nunca se logró deshacer.

A finales de 1808, mientras la guerra entre la resistencia y los invasores se recrudecía con los sitios de Zaragoza y Gerona, se promulgaron los Decretos de Chamartín, que abolieron los derechos feudales y la Santa Inquisición, restringió el poder económico de la iglesia y eliminó las aduanas interiores. Las reformas, de claro espíritu ilustrado, no acabaron de ser un anzuelo lo suficientemente atractivo como para atraer el apoyo de los liberales. No obstante, las reformas más interesantes y de mayor calado se realizaron a comienzos de 1809, cuando Napoleón regresó a su guerra contra Europa y José I comenzó verdaderamente su reinado. Su objetivo era atacar los pilares sobre los que se había sustentado el Antiguo Régimen en España (la nobleza española; los derechos señoriales, una administración vetustaza; las órdenes militares y civiles, etc.) y erigir nuevos mecanismos administrativos y nuevas disposiciones legales para modernizar y racionalizar la administración, la educación y la economía del país. Las medidas adoptadas fueron propagadas en un intento de ganarse el favor del pueblo, pero pesaba más la tradición, el rechazo al francés y el discurso desde el púlpito que alentaba a la lucha contra el invasor que las reformas emprendidas por el nuevo monarca.

Pero, aparte del escaso apoyo con el que contaba para mantenerse en el poder, el mayor problema que tenía José I era su propio hermano, que no renunció nunca a ejercer un control directo sobre la guerra que se estaba librando en la península. De hecho, como señala Ana Clara Guerrero, con la excusa de que era necesario mantener el ejército de ocupación y hacerlo más efectivo, Napoleón desgajó del reino de su hermano la zona fronteriza estableciendo cuatro gobiernos militares (Cataluña, Aragón, Vizcaya y Navarra) y al frente de los mismos se colocaron a cuatro reputados generales a los que se dotó de plenos poderes militares y civiles, mermando así la autoridad de José I incluso entre los más incondicionales afrancesados.

Después de un primer destierro a Valencia, el avance del ejército liderado por Wellington obligó a José I a replegarse. Todavía no había salido de la península cuando el conde de Laforest, mandado por Napoleón, firmó el Tratado de Valençay, por el que se devolvía la corona a Fernando VII y dejaba a José Bonaparte sin corona y humillado.

Las cortes de Cádiz y la Constitución de 1812.

De forma paralela a la guerra y al gobierno de José I, en Cádiz se puso en marcha un gobierno liberal que acabó firmando el primer texto constitucional de la historia de España: la Constitución de 1812, popularmente conocida como “La Pepa”. El primer paso en este sentido se dio el día 24 de septiembre de 1810, fecha en la que se celebró la sesión de apertura de las Cortes Constituyentes de Cádiz. Aquel día los liberares tomaron la iniciativa y Diego Muñoz Torrero propuso la aprobación del primer decreto en el que las cortes se atribuyeron a sí mismas la soberanía nacional, declaraban nula la renuncia de Fernando VII, se estableció que el poder legislativo residía en las Cortes y el ejecutivo en el Consejo de Regencia hasta que regresase Fernando VII.

Constitución de 1812
Portada de la Constitución de 1812. Fuente: Wikipedia

Después de un intenso trabajo, la Constitución de Cádiz fue promulgada por las Cortes Generales el 19 de marzo de 1812. La importancia de este documento es enorme por varios motivos. En primer lugar, fue una constitución avanzada para su tiempo e incluso se tradujo a varios idiomas, como el inglés o el alemán. En segundo lugar, fue un texto nacido de la ideología liberal, por lo que gran parte de sus artículos y, sobre todo, de su impronta progresista se mantuvieron en las sucesivas constituciones españolas. Por último, la promulgación de la Constitución fue un elemento esencial que se evidenció en una clara ruptura con el Antiguo Régimen y que se sostuvo en dos principios medulares: la soberanía nacional (el poder reside en la nación) y la división de poderes. En este último asunto se estableció un poder legislativo, ejercido por las Cortes unicamerales, un poder judicial, ejercido por los tribunales y un poder ejecutivo, que competía al Rey, pero con importantes restricciones. Por ejemplo, sus órdenes tenían que ser validadas por la firma del ministro correspondientes; no tenía potestad para disolver las Cortes y, aunque tenía derecho a veto, éste era transitorio, durante 2 años. Pasado ese plazo de tiempo la decisión de las Cortes se convertía en ley.

Además de establecer la soberanía nacional y una división de poderes, la Constitución otorgaba otros derechos esenciales tales el derecho a la educación, a la libertad de imprenta, establecía la inviolabilidad del domicilio o el sufragio universal masculino indirecto en cuatro grados, es decir, tenían derecho a voto sólo los hombres mayores de 25 años. Ellos elegían a unos compromisarios que a su vez elegían a los diputados. Por último, la Constitución defiende en su primer artículo al catolicismo como única confesión religiosa permitida, un aspecto que choca con el espíritu avanzado del texto pero que debe de interpretarse como un guiño a la iglesia católica y a la necesidad de contar con su apoyo para luchar contra los franceses.

Recuerda: Constitución de 1812. Soberanía: Nacional. Separación de los poderes. Sufragio Universal masculino e indirecto. El rey: figura sagrada e inviolable. Religión católica: única confesión permitida.

El retorno de Fernando VII.

Fernando VII
Fernando VII a caballo Fuente: Vicente López y Portaña, via Wikimedia Commons

A mediados de octubre de 1813, Napoleón, derrotado en la Batalla de Leipzig, decidió retirar las tropas destinadas en España y concentrarlas en Europa para hacer frente a los ejércitos europeos. De forma paralela, envió al conde de La Forest a Valençay, donde se hallaba preso Fernando VII para negociar su vuelta al trono español. A través del Tratado de Valençay (11/12/1813) fue puesto en libertad y Napoleón logró mantener la paz entre Francia y España. A partir de ese momento se puso en marcha el juego político que llevó a Fernando VII a derogar la Constitución de 1812 y reponer el absolutismo en España.

El 2 de febrero de 1814 las Cortes aprobaron las normas y el protocolo de vuelta del rey. El 24 de marzo  entró en España por Cataluña, pasó por Gerona y Zaragoza, sorteando con habilidad la autoridad de las Cortes. El General Elío salió al encuentro del Rey y le transmitió su total apoyo. El 16 de abril Fernando VII entró en Valencia. Mientras tanto, en Madrid los absolutistas publicaron un documento conocido como el “Manifiesto de los Persas” (02/04/18014), en el se apelaban a la tradición histórica y a las cortes medievales y justificaba la vuelta al régimen absoluto desacreditando la labor desarrollada por las Cortes. El 4 de mayo, un decretó declaró sin efecto la Constitución de Cádiz y toda la obra jurídica desarrollada por las Cortes (restaurando por tanto el absolutismo) y el 13 de mayo Fernando VII entró en Madrid para ocupar el trono. La vuelta de “El deseado” su puso la vuelta a la legitimidad anterior a 1808 y el final de la primera experiencia liberal de la política española.

La vuelta del absolutismo en España se enmarca en un período caracterizado por el declive y la derrota de Napoleón y, por otro lado, por el proceso de restauración absolutista que experimentaron muchos de los estados europeos. Después de la “Paz de Paris”, Napoleón fue derrotado. Más tarde conformaría su efímero imperio de los 100 días, que fue derrotado en la Batalla de Waterloo. Fue entonces cuando se comenzó a construir un nuevo mapa político europeo basado en las reglas que imponía la llamada “Cuádruple Alianza”, pero eso, es otra historia.

Más información| recursos didácticos sobre la Guerra de la Independencia en PARES.

También en iHA| La Guerra de la Independencia parte 1 y parte 2

Una respuesta

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

  • Responsable: DM SEO Social Media OÜ
  • Finalidad: Responder a tus comentarios.
  • Derechos: Podrás ejercer tus derechos de acceso, rectificación, limitación y suprimir los datos en este formulario, así como el derecho a presentar una reclamación ante una autoridad de control.
  • Información adicional: En la política de privacidad encontrarás información adicional sobre la recopilación y el uso de su información personal. Incluida información sobre acceso, conservación, rectificación, eliminación, seguridad y otros temas.

 

Publicaciones recientes

La leyenda del Puente Carlos en Praga
La fiebre del tenis en el Renacimiento francés
Checkpoint Charlie: el «muro de la vergüenza»
Robert Hooke: el científico inglés que dominó la biología, la física y la arquitectura
La terrible obsesión de la reina Victoria por los fastuosos banquetes
Comunidad iHA
Una apuesta digital por la historia
  • Responsable: David Melero, titular del davemeler.com
  • Finalidad: enviarte notificaciones por email con noticias, ofertas y consejos.
  • Legitimación: Consentimiento del interesado (es decir, usted), al enviar el formulario.
  • Derechos: Podrás ejercer tus derechos de acceso, rectificación, limitación y suprimir los datos en hola@davemeler.com, así como el derecho a presentar una reclamación ante una autoridad de control.
  • Información adicional: En nuestra política de privacidad encontrarás información adicional sobre la recopilación y el uso de su información personal. Incluida información sobre acceso, conservación, rectificación, eliminación, seguridad y otros temas.